El mundo al toque de un mus

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Horacio C. Reggini

Para La Nación

Viernes 23 de octubre de 2009 | Publicado en edición impresa

He preferido usar en esta nota el término “mus” para indicar el dispositivo con el que se señala o actúa sobre textos, figuras o zonas en las pantallas de las computadoras actuales. Alguien podría pensar que se trata de la pronunciación en idioma francés de mouse , palabra inglesa que significa “ratón”. Pero no, no es así: “ratón” se dice sorie en francés. Lo cierto es que mus es ratón en latín.

Pareciera que en un futuro cercano, el mundo entero va a ser controlado mediante el toque de unmus , por un pequeño número de personas que -simplificando los detalles- estarán determinadas por tres características: todas poseerán una dirección electrónica o un sitio en la Web; todas contarán con un teléfono móvil o celular (posiblemente de enlace mundial) y todas entenderán el inglés como primera o segunda lengua -tanto el escrito como el hablado-.

Esta clase dirigente se concentrará en el hemisferio norte, pero también la encontraremos por todas partes. Estará viajando continuamente y tendrá acceso simultáneo a información de todo tipo, ya sea científica, comercial o financiera, turística o de entretenimiento, gracias al toque de unmus .

Los dueños del nuevo mundo “telectrónico” -autores, innovadores, financistas, periodistas- darán paso a un ambiente de vida global, cosmopolita y consumista. Dominarán las grandes empresas actuales y otras tantas todavía por inventarse.

La ley o modo de actuar de la nueva clase telectrónica será más bien de carácter persuasivo, sin violencia ni medidas coercitivas, cercanamente ligada a los deseos del público masivo gracias a los sondeos y estadísticas de consumo disponibles en enormes bases de datos invasivos de la privacidad.

Existirá de continuo noticiosos de todo tipo en la televisión inseparable de cada persona, con campeonatos deportivos y juegos seguidos por billones de personas …

La tormenta del progreso tecnológico sopla tan fuerte que obscurece nuestra visión de lo que está pasando. En el mundo moderno creemos que ahorrar tiempo es bueno; que lento es malo y que rápido es mejor. Damos por cierto que si un auto o una computadora son más veloces o más complejos, ello nos permitirán hacer más trabajo en menos tiempo.

El concepto lineal del tiempo y de otros asuntos está adentrado en nuestras formas de pensar. Así resulta la noción de la eficiencia (hacer el máximo trabajo en el mínimo tiempo) y de la productividad (producir lo más rápido y la cantidad máxima con una inversión mínima).

Pero recordando la historia, encontramos que la denominada Revolución de la Información es, en gran medida, una ilusión, una trampa retórica y una expresión de ignorancia tecnológica.

Los grandes cambios han sido siempre impulsados por contextos preexistentes. Es la esfera cultural y social la que condiciona y determina las innovaciones técnicas.

 

El autor es ingeniero. En 1960 organizó el Grupo de Estudio de Aplicaciones de Computadoras (GEAC) en la Facultad de Ingeniería (UBA), y en 1966 se relacionó con el proyecto del MIT que incidió en la concreción de Internet