Jalones del camino en construcción

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Por Horacio C. Reggini

Para La Nación

Martes 30 de julio de 2002 | Publicado en edición impresa

EN una entrevista de 1984, a propósito de la actitud del escritor, Jorge Luis Borges destaca la exigencia de humildad: “Recuerdo unos famosos versos de Kipling en “If” que dicen que uno debe enfrentarse con el fracaso y con el éxito y tratar del mismo modo a esos dos impostores. Porque son impostores, porque nadie fracasa tanto como cree ni tiene tanto éxito como cree”.

Pensamos que esta opinión de Borges sobre la escritura puede hacerse extensiva a las demás actividades. ¿Acaso la vida de las personas es otra cosa que una trama de aciertos y errores? Hablar de éxito y de fracaso supone esgrimir antiguas categorías autoritarias que se han desmoronado hace tiempo junto a las grandes palabras con que manifestaban su nefasto despotismo. La complejidad de cada caso singular se inscribe en la complejidad de un universo donde la incertidumbre y el azar son factores ineludibles. No existe la determinación absoluta y apriorística en la historia individual ni en la de los pueblos.

El proceso creativo

Si aplicamos este pensamiento a nuestra actualidad nacional comprenderemos que así como todo lo sucedido hasta ahora no nos prefigura para siempre, tampoco ha ocurrido en vano. La trama de acierto y error no puede ser borrada de plano y mesiánicamente tildada de “fracaso”. No descartemos lo que tenemos, más bien aprovechemos los errores cometidos.

“En lugar de posar como profetas debemos convertirnos en forjadores de nuestro destino. Debemos aprender a hacer las cosas lo mejor posible y a descubrir nuestros errores. Y una vez que hayamos desechado la idea de que la historia del poder es nuestro juez, una vez que hayamos dejado de preocuparnos por la cuestión de si la historia habrá o no de justificarnos, entonces quizás, algún día, logremos controlar el poder” (Karl Popper, La sociedad abierta y sus enemigos ).

Buscando el camino a la India tras el sol poniente, Europa se topó con América sin vislumbrar siquiera adónde iría a parar en su aventura. La creación científica y técnica suele emprenderse de manera similar, en un cruce de hipótesis y sueños, de intuiciones y ejercicio de la razón. El proceso incluye el error, que no sólo es inevitable sino a menudo positivo.

Diversas teorías se pronuncian sobre la génesis de toda obra. Hay las que apuestan a una suerte de epifanía o mágica iluminación; otras, a la continuidad del esfuerzo. Seguramente, ambas se combinan en una prolongada gestación. Los escritores saben bien que la escritura es en gran parte rescritura: escribir es corregir.

Por su parte, el conocido arquitecto Christopher Alexander, en sus Notas sobre la síntesis de las formas , manifiesta que la única manera de lograr el ajuste adecuado entre un proyecto y sus requisitos es ir eliminando las fallas o deficiencias al tiempo que se las descubre: no existe la vía directa o la deducción automática cuando se trata de satisfacer la complejidad de ciertos requerimientos. La obra, aun la obra maestra, exige un proceso de depuración.

El proceso constructivo “depuración” fue analizado por Jean Piaget hace más de medio siglo, cuando estableció las bases de su epistemología genética, y su discípulo Seymour Papert, investigador en el campo de la educación y las computadoras, lo puso en práctica, entre otros, al crear el lenguaje Logo en el MIT. La exigencia de ir corrigiendo ( debugging ) a medida que se prueban los programas es decisiva en la adopción del uso de las computadoras en los ambientes educativos.

Aunque el filósofo Karl Popper no se ocupó específicamente de la educación, sus hipótesis sobre la progresión de la capacidad cognitiva lo sitúan en la avanzada de Piaget, al que remite con frecuencia. Para Popper la internalización del conocimiento y su acrecer dependen de sucesivas conjeturas y refutaciones, método que configura el primero y fundamental de los procesos de aprendizaje.

Bases del aprendizaje

En tal sentido, escribe: “Pero a mí me parece que lo esencial al pensamiento “creativo” o “inventivo” es la combinación de un intenso interés en algún problema (y por lo tanto la disposición a ensayar una y otra vez) con una fuerte facultad crítica; con una disposición para atacar aun aquellas presuposiciones que para un pensamiento menos crítico determinan los límites del rango a partir del cual son seleccionadas las pruebas (conjeturas); con una libertad de imaginación que nos permite vislumbrar fuentes insospechadas de error: posibles prejuicios que necesitan examen crítico” ( Búsqueda sin término ). Es decir, para Popper, “el proceso de aprender consiste principalmente en correcciones a expectativas que no se cumplen” y que son, justamente las que desencadenan el proceso de ensayo y error.

También Papert ha insistido en que no se debe temer al error sino que hay que utilizarlo al testear críticamente los resultados de determinadas operaciones o acciones: “Los errores nos benefician, porque nos llevan a estudiar lo sucedido, a comprender lo que anduvo mal y, a través de la comprensión, a corregirlos”.

En suma, no hay hacer sin error. El error es a la vez inevitable y fecundo. Estigmatizarlo condena a ignorar cómo se ha llegado a los grandes aciertos.

En la coyuntura actual deberíamos reconocer los errores cometidos y trocarlos en jalones de un camino en construcción. Habría que emular el espíritu pragmático de Sarmiento, que prefería la posibilidad de errar a la inactividad, ya que para él no existía peor error que no hacer. “Hágase una ley mala, pésima, pero póngase mano a la obra.” Y también, con fuerza de coloso: “Hay que hacer las cosas aunque en el principio no se comience muy bien (en el camino se componen las cargas); es menester salir de viaje temprano, al alba grande aunque luego nos detengamos hasta que aclare […]. Todo está en principiar, y andando a favor del viento […] éste ayudará”.

Actualidad argentina

Claro que estas cosas fueron escritas hace alrededor de un siglo y medio y desde entonces mucha agua corrió bajo los puentes y, arriba, algo de sangre. Por eso, a fin de no desmadrarnos, lo de Sarmiento, que fue grande, debe conciliarse con el consejo de Popper de no posar como profetas sino forjar el propio destino. Sarmiento debe ser leído a partir de nuestro doloroso presente y, sin soltar lastre irresponsablemente, es decir, elaborando y madurando las experiencias anteriores, abocarnos a la participación activa.

Ortega y Gasset lo asentó también: “La auténtica plenitud vital no consiste en la satisfacción, en el logro, en la arribada”. Y se remitió a Cervantes, que prefería el camino a la posada y le hacía decir a su Quijote: “Mis arreos son las armas, mi descanso el pelear”.

Demos batalla entonces cada día, aun desde nuestros desaciertos, para superarlos. No estamos a la intemperie. Contamos con un territorio privilegiado y fecundas bases de educación y cultura donde abrevar, aun en mitad de la travesía. Y contamos antes que nada con nosotros, más allá de las diferencias que nos enriquecen, igual que contó con sus amigos aquel gaucho de a pie en el desierto, cuando el tigre cebado lo tuvo más de dos horas balanceándose en un algarrobillo y el hombre estuvo a punto de caer de extenuación en esas fauces que, por otra parte, lo fascinaban, según narra la apertura de Facundo .

Horacio C. Reggini es ingeniero. Autor de los libros Los caminos de la palabra Sarmiento y las comunicaciones .