Erice, un faro entre la ciencia y el arte

      Comentarios desactivados en Erice, un faro entre la ciencia y el arte

Por Horacio C. Reggini

Para lanacion.com

Martes 28 de septiembre de 2010

(Erice, Sicilia, Italia)

El Centro Cultural Ettore Majorana ha organizado estos días (entre el 1° y el 6 de agosto, la reunión Learning, Science, Art, and the Brain, reconociendo las relaciones entre neurociencias, ciencia, arte y educación como una frontera fértil para contribuir al descubrimiento científico, la innovación artística y el avance de la educación. Toda esta amplia perspectiva interdisciplinaria está despertando un notable interés y brindando nuevas oportunidades para la investigación en todo el mundo.

El nombre del Centro Cultural de Erice recuerda y honra la memoria del siciliano Ettore Majorana (1906-1938), quien fue activo integrante del prestigioso Grupo Físico de Roma, dirigido por Enrico Fermi (1901-1938), Premio Nobel en 1938. En aquellos años, este grupo hizo valiosos aportes teóricos y experimentales al estudio de la física nuclear y contribuyó a que Italia volviera a tener la importancia de otras épocas en el desarrollo de la ciencia.

En agosto de 1982, Antonini Zichichi, activo organizador y director del Centro, ante el peligro de una guerra nuclear mundial, impulsó junto con otros reconocidos científicos la denominada Declaración de Erice, exhortando a todas las naciones hacia una imprescindible cultura del amor a fin de dejar atrás a la cultura del odio. Afirmaba que la elección no es una cuestión científica, sino cultural, y decía además que desde las edades del bronce y del hierro, notoriamente no-científicas, los hombres inventaron y construyeron tanto herramientas para el trabajo como instrumentos para la guerra; que era imperativo para todos la búsqueda de la armonía y de la paz para alcanzar la cultura del amor.

Caminando por la intrincada malla del distrito medieval de Erice, cruzando paisajes y patios de flores, uno ve que sus calles llevan la historia manchada en las piedras de sus empinadas cuestas,

Erice se yergue sobre el Monte San Giuliano, a 751 m. de altura, mirando al mar Mediterráneo, en el noroeste de la extensa isla de Sicilia. Fue asentamiento de pueblos antiguos, de griegos y romanos, lo cual creó un sitio de gran interés histórico y artístico que permanece desde hace siglos sin cambios. Habitada desde el paleolítico superior, reúne muchos rasgos sicilianos peculiares, como un urbanismo normando y la organización árabe de la vivienda en torno al patio. En Erice se vive el Medioevo respetado, y si la niebla lo permite, y los ojos se esfuerzan, la vista desde lo alto alcanzará Túnez o el Etna. Y sin mirar tan lejos, Trapani se abre al mar en las faldas de la montaña. Por el otro costado se encuentra Valderice, el valle que se abre hacia el golfo Castellammare.

Quizá debido a su imponente presencia, tutelando la provincia de Trapani, Erice ha sido desde tiempos inmemoriales lugar de culto y advocación a las divinidades clásicas. Incluso hoy sus varias iglesias le confieren el halo de misticismo que desprendió antaño. Precisamente el punto más alto, donde se alza el castillo, fue lugar de culto y veneración -en todo el mundo clásico y el Mediterráneo occidental- de las diosas del amor y la fertilidad: Astarté para los fenicios, Afrodita para los griegos y Venus para los romanos. Si tenemos en cuenta que al llegar a Sicilia, desde el Sur, Erice es un faro natural sobre el promontorio, entenderemos el porqué de su importancia. Ya Virgilio cita la ciudad en La Eneida, diciendo que fue fundada por Eneas al finalizar la guerra de Troya. Afrodita, diosa del amor y la belleza, suele aparecer en el siglo VII a.C. con corona y suntuosos vestidos; pero desde el siglo IV ya se la representa desnuda o semidesnuda, con un amplio repertorio de posiciones. Junto con su hijo Eros, eran los dioses del amor por excelencia. Según una filosofía tardía, Platón diferenció dos tipos de diosa, la Afrodita Pandemo, la popular, y la Urano, la diosa del amor puro. Para todos los pintores, es la excusa perfecta para representar el ideal de belleza.

Erice, ciudadela árabe también, fue en época normanda, en concreto a partir de 1167, cuando, tras la conquista del conde Ruggerio, adquirió el dibujo urbano de callejuelas sobre el que posteriormente se fueron edificando palacios, murallas e iglesias.

La Iglesia Madre, del siglo IV a.C., es la principal construcción religiosa, junto a una torre campanario de la misma época.

Dentro de los límites de los Jardines del Balio (toman el nombre de Baiuolo, gobernador normando que residía en el castillo), sin duda el lugar más sugestivo de Erice, se halla el castillo Pepoli, y, elevado en su extremo sudeste, el Castillo Venere (Castillo de Venus o Castello di Venere), construido entre los siglos XII y XIII sobre los restos de un antiguo templo llamado de Venere Ericina (el nombre Erice deriva de Venere Ericina, la diosa de la fecundidad aquí venerada desde la antigüedad con la construcción del famoso templo).

En su cercanía se hallan las impresionantes ruinas de Selinunte y de Segesta, que sufrieron los efectos de un devastador terremoto a fines del siglo XVII. Selinunte fue fundada a mediados del siglo VII a. C. con un extenso anfiteatro y un gran templo. Esta ciudad se mantuvo en conflicto permanente con la ciudad de Segesta, aliada de Atenas. El edificio más característico de Segesta es el templo dórico del cual se conserva el peristilo de seis por catorce columnas, construido sobre un podio compuesto por tres gradas. En el recinto urbano se destaca el teatro con un graderío, en el que pudieron sentarse cerca de cuatro mil espectadores y el ágora pavimentada con losas de piedra y rodeada de pórticos por tres de sus lados.

Erice posee una planta de diseño urbano triangular, configurada por un perímetro de grandes paredes de piedra, y en el medio del triángulo, en un monasterio anexo a la iglesia de San Pedro, es donde se aloja el Centro Cultural Ettore Majorana, organizador de esta y otras reuniones científicas internacionales y sede de una Escuela de Física Nuclear donde han disertado nombres famosos de esa área: Paul Dirac (1902-1984), Robert Oppenheimer (1904-1967), Richard Feynman (1918-1988), entre otros.

El ambiente creado alrededor de Erice -entre la Ciencia y el Arte- es notablemente acogedor y proclive a la reflexión y a la memoria de la humanidad.